Iván Martínez de Miguel Una ola de frío
mordaz Es gratificante cuando, al levantarte una mañana, subes la persiana y te das cuenta de que todo ha quedado bañado por una espesa capa de nieve. Se puede oír a los niños jugar y reír en el parque mientras se arrojan bolas hechas de nieve, se observan muñecos de nieve disfrazados de amigos imaginarios o aficionados desempolvando sus cámaras fotográficas para inmortalizar el momento… Pero, lejos de esas alegrías localizadas, el panorama es muy diferente. La ola de frío y mal tiempo ha afectado a toda Europa, causando miles de retrasos o cancelaciones en los medios de transporte. Y es que a veces éstos no se encuentran tan preparados como creemos para una repentina sacudida de la madre naturaleza. En los aeropuertos de todo el mundo se han podido palpar las consecuencias. En Italia, Reino Unido, Alemania e incluso España, vuelos cancelados y retrasos monumentales era lo más común que marcaban los paneles. Las consecuencias las han sufrido los viajeros, obligados por las circunstancias a renunciar a pasar la navidad en familia. A día de hoy parece que todos han empezado a reanudar sus actividades normales. También el Eurostar, el ferrocarril que une Francia con el Reino Unido a través del Canal de la Mancha, que tuvo que parar forzosamente durante 4 días enteros.
Pero las consecuencias más inmediatas y catastróficas no se hicieron esperar. Las temperaturas glaciales se han cobrado la vida de al menos 80 personas. La mitad de las mismas en Polonia, azotada por un descenso térmico que alcanzó los 20 grados bajo cero. Otras 40 se localizan en Ucrania y la República Checa, también por la bajada mordaz de las temperaturas. Los accidentes de tráficos se han llevado a 13 personas, además de provocar el caos y el desconcierto en la mayoría de las carreteras de ámbito
europeo.
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