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Portada Nº Septiembre 2005
Reportajes y Entrevistas
Sección General

 


ESTEBAN IBARRA, PRESIDENTE DEL MOVIMIENTO CONTRA LA INTOLERANCIA

“El neo-nazismo se abre camino de manera muy sanguinaria”

Esteban Ibarra: “Hay un problema social de fondo que es la no aceptación del diferente, de la diversidad, la pluralidad que configura nuestra sociedad”


 Por CARLOTA TORRES LLIRÓ

A los veinte años, Esteban Ibarra abandonó sus estudios de Ingeniería de Minas para terminar licenciándose en Económicas. Sin embargo, muy poco ha tenido que ver con los números y las cuentas la trayectoria que finalmente ha seguido su vida. Atraído por el mundo de la comunicación, pasó la década de los ochenta dedicándose a la radio en la emisora madrileña Onda Verde. Ésta fue su rutina hasta que, en el año 1991, la indignación tras el asesinato racista de la dominicana Lucrecia Pérez lo llevó a fundar, junto con sus amigos más allegados, la asociación Jóvenes contra la Intolerancia. Con el paso de los años y a medida que aumentaban su radio de actuación, decidieron cambiar este nombre por el de Movimiento contra la Intolerancia. Actualmente, la asociación que Ibarra preside tiene sedes en todo el territorio español y presta apoyo a todas las víctimas de discriminación, racismo o intolerancia en nuestro país. Movimiento contra la Intolerancia elabora anualmente el Informe Raxen, que cumple en 2009 su décimo aniversario y sirve de referencia a gobiernos y medios de comunicación.    

PREGUNTA.– Movimiento contra la Intolerancia lleva años defendiendo el cese de la violencia racista, la intolerancia y la discriminación en general. Sin embargo, en España sigue habiendo más de 4.000 agresiones por estas causas cada año. ¿Qué mecanismos legales cree que hacen falta para paliar esta situación? 

RESPUESTA.– Es fundamental, en primer lugar, deslegitimar cualquier tipo de prejuicio que conduzca al racismo y a la xenofobia y, a su vez, deslegitimar el uso de la violencia. Ésas son las dos claves en el ámbito de la educación y de la sensibilización. Pero con eso no basta. Nos encontramos datos realmente escalofriantes hacia colectivos de inmigrantes, “sin techo”, homosexuales, colectivos vulnerables… También hacia jóvenes de izquierdas, que tienen una estética diferente ('punkis' o jóvenes antifascistas). No hay una estimación del volumen de agresiones, salvo la que hacemos nosotros. Eso está llevando a una falta de reconocimiento del problema por parte de las instituciones. No se adoptan cuestiones fundamentales como crear una fiscalía contra el odio, crear una legislación más estricta que limite el desarrollo de estos problemas y, sobre todo, atender a las víctimas. No hay una línea positiva de atención a las víctimas, con lo cual, cuando una persona es agredida, luego se enfrenta a una segunda victimización, que es la de la soledad y la de la falta de amparo institucional. 

P.– En los últimos meses hemos visto varios casos de agresiones de corte racista por parte de adolescentes cada vez más jóvenes, que además difundían estos actos a través de las redes sociales en internet o de los teléfonos móviles. ¿Cree que existe una deficiencia en el sistema educativo que propicia esta situación o, por el contrario, es un problema social?

R.– Son las dos cosas. Hay un problema social de fondo que es la no aceptación del diferente, de la diversidad, la pluralidad que configura nuestra sociedad. Y, por otra parte, el sistema educativo no lo está abordando debidamente. Bien es verdad que la Educación para la Ciudadanía es un instrumento positivo de cara a acometer la enseñanza de los derechos humanos, a hacer respetar la dignidad de las personas… Pero yo creo, siempre lo he dicho, que necesitamos una educación más específica de cara a este problema. Lo viene planteando Naciones Unidas, lo plantea la Unión Europea... Necesitamos una educación contra el racismo, contra la xenofobia, contra el antisemitismo, contra la intolerancia. Esto puede ir de forma oficial a través del currículum educativo, que sería también importante, o puede ir de manera no formal, complementariamente. Pero, en cualquier caso, ha de ir, y nosotros lo echamos en falta. Pedimos educación.  

Por ejemplo, la memoria es importante ahora que hay tanto debate con la memoria de la dictadura. Es importante que se sepa qué era el franquismo, un régimen genocida, y cómo impidió el desarrollo democrático de la sociedad. O qué era el holocausto. Por ejemplo, cuando estás con los jóvenes o con los adolescentes y les hablas de Auschwitz o de esa etapa del nazismo, en el mejor de los casos, quien la haya visto, lo recuerda por la película de Spielberg; pero no tiene conocimiento del alcance de la tragedia europea. Europa se hizo desgraciadamente con dos guerras mundiales y con una experiencia tan tremenda como fue el holocausto. Que esto no esté en nuestro sistema educativo es no poner el antivirus para que no vayamos a situaciones tremendas y trágicas como las que acabamos de vivir recientemente en Europa, en los Balcanes, por poner un caso dónde también hubo genocidio. El sistema educativo tiene un papel muy importante que cumplir.

P.– ¿Cree que en este sentido hace falta más control para el acceso de los jóvenes a internet, para que no se difundan estas cosas y se haga otro uso?

R.– Yo siempre digo que lo que es ilegal fuera de internet por qué no ha de serlo dentro. La red no puede ser una jungla, y ahora mismo lo es. En la red se difama, se insulta, se dicen barbaridades, se pasan fotografías, se incita a las agresiones… A mí personalmente me ha tocado presentar numerosas denuncias, muchas de las cuales se han archivado, contra delitos dentro de internet. Ahora en concreto estamos con una denuncia por agresiones hacia una compañera de la asociación. Eran agresiones realizadas a través de internet, dónde se degrada su dignidad, se la difama… Hemos estado dos años para lograr que ese procedimiento penal avance. Entonces, ¿qué sucede? Pues que internet es un sitio, a mi juicio, donde hay una permisividad inaceptable. Y si luego se le añade el uso de los móviles, donde se han producido ya las gracias de grabar una pelea, una agresión y luego difundirla a través de internet, entonces el cóctel es explosivo. Debería haber controles y debería haber sanciones, a mi juicio, de una manera evidente.

P.– ¿Los medios de comunicación, en su tratamiento de las noticias, reflejan prejuicios sociales que favorecen estas conductas intolerantes?

R.– En los medios de comunicación los titulares de las noticias a veces son un escándalo. Son enormemente responsables en el crecimiento de la xenofobia en concreto. La imagen de los inmigrantes es poco positiva, siempre estigmatizada. Se vincula su imagen con aspectos delincuenciales o con aspectos transgresores, como es la llegada en los cayucos. Todo esto es una continuidad presente no sólo en los medios impresos, sino también en la televisión, que nos hace un daño enorme; porque una imagen vale más que mil palabras.

Quiere decir esto que los periodistas y, sobre todo, los responsables que deciden qué imagen debe proyectarse deberían valorar y tener mucho cuidado, sobre todo para no estigmatizar y, desde luego, para no generar prejuicios hacia colectivos que, además, no se pueden defender porque son débiles y bastante vulnerables. En los medios de comunicación continuamente hay reclamos institucionales para que contribuyan precisamente a lo contrario, a luchar contra la xenofobia, a luchar contra el racismo. Y creo que no se lo están tomando en serio. La noticia “espectacularizada” es lo que prima y más vale una imagen impactante que, a lo mejor, un reportaje sosegado, sereno, objetivo y a veces positivo. Dicen que la noticia es la mala noticia, pero yo creo que el reto está ahora mismo en hacer un periodismo positivo y muy humanista, muy humanizador. 

P.– ¿La crisis actual puede generar un incremento de las agresiones o la hostilidad hacia los inmigrantes, haciéndolos culpables de la situación económica?

R.– He sostenido públicamente, en los medios de comunicación, que la crisis económica está alimentando ya la xenofobia. Lo está haciendo por dos vías: una que se produce porque, espontáneamente, el parado de origen español tiene miedo a una competencia por el puesto de trabajo, aunque tiene generalmente una categoría de responsabilidad mayor que el trabajador inmigrante. Pero, sobre todo, hay otra vía de estímulo de la xenofobia que es la agitación de los grupos xenófobos, que continuamente alientan el miedo y el temor al inmigrante. Hay muchos grupos xenófobos que han crecido en los últimos diez años en España, incluso con cobertura legal, que se dedican a hacer pequeñas manifestaciones, carteles, propaganda en internet, proclamas, entran en todos los foros, hostigan dentro ellos… Hay un trabajo de propaganda continua donde el mensaje es “los españoles primero” –eso es otra falacia, en materia de derechos no hay primeros ni segundos– o “detengamos la invasión” y eslóganes semejantes, que dificultan la convivencia.

P.– Hace unos meses se aprobó la Directiva Europea de Retorno, que permite recluir durante 18 meses en centros de internamiento a los inmigrantes que se encuentren ‘sin papeles’ y expulsarlos durante cinco años de la Unión Europea. ¿Qué opinión le merece esta norma?

R.– Es una Directiva dura, que obedece a una política muy agresiva por parte de la UE. Esa ampliación de los días, de la retención en los centros de internamiento, es bastante inhumana. Se dice que España no va a ampliarlo mucho más, de sesenta a setenta días, pero en cualquier caso es una Directiva que, desde luego, pone en altísimo riesgo a todos los inmigrantes que están sin papeles. Aquí la irregularidad es sobrevenida, puede venir porque te has quedado sin un contrato de trabajo y en ese momento tienes que renovar el permiso y no tienes el contrato. Y entonces te pueden detener por la calle.

Hace dos días tenía una reunión con un matrimonio boliviano con una niña pequeña, un auténtico drama. A ellos les pasó esto que estoy contando. Al marido lo metieron en un centro de internamiento. El centro de internamiento, para que la gente se haga una idea, alberga 160 personas y tiene dos wáteres para 160 personas. Él estaba en una celda con otras 16 personas y, a su vez, sólo podía ver a su mujer tres minutos al día. Es decir, no alcanza ni siquiera las mínimas condiciones carcelarias. Esto no es aceptable y yo creo que la ciudadanía tiene aquí un reto, el de no permitir este tipo de actuaciones. La Directiva de Retorno es una mala iniciativa. Se le ha dado una importancia desmesurada, en comparación con otras directivas que promueven la igualdad de trato o los derechos humanos. Y, además, contrasta con la ausencia de firma de la Convención Internacional de los Derechos de los Trabajadores Inmigrantes, que la Unión Europea –ningún país de la Unión Europea– ha firmado. Es una Convención importantísima para los inmigrantes, la tienen firmada países de África, de América Latina, pero no la Unión Europea. A cambio, la Unión saca la Directiva de Retorno. Esto es un retroceso importante, que viene a reflejar el mal momento que está pasando la Unión Europea.

P.– Movimiento contra la Intolerancia publica todos los años el Informe Raxen, que refleja la situación de la intolerancia en España. Desde que se comenzó a redactarlo, ¿la asociación ha apreciado algún cambio de actitud en los órganos de la Administración?

R.– Levemente sería la contestación. Al principio, vinieron a cuestionar el informe, a decir “esto no es verdad, os estáis inventando estos sucesos”. Lo que pasa es que muchos de estos sucesos son notorios en los medios de comunicación, Por lo tanto, no nos inventamos nada. 

Más adelante lo que hemos podido comprobar es que, oficialmente, no hay ningún tipo de información, excepto la que se refleja en el Informe Raxen. Al final, tiene un valor extraordinario. Recuerdo reuniones internacionales donde iba un representante oficial del Ministerio del Interior y, cuando le preguntaban por el número de actos racistas o xenófobos que había en España, decía que ninguno o uno o dos a lo sumo; sonrojando a todo el público. Y, ¿por qué? Porque el Ministerio del Interior no tiene ningún sistema de recogida de datos. Si hay un delito de lesiones por motivos xenófobos, la motivación no se incorpora al atestado policial, nunca se sabe el motivo. Sabemos que puede haber lesiones, que puede haber incluso crímenes, asesinatos, muchos tipos delictivos, pero nunca sabemos el motivo que subyace en ese delito.

En este sentido, el Informe Raxen es un esfuerzo por demostrar que el silencio no debe existir. Es más, el silencio se convierte en cómplice de la situación. Ahora mismo el Raxen cumple diez años, es su décimo aniversario. El papel que ha tenido es el de evidenciar el problema y, además, evidenciarlo no en España solamente –aquí se envía a diputados, delegaciones del gobierno, ayuntamientos…, todo el mundo lo conoce, está en la red y se puede descargar–, sino que se manda también a nivel internacional, con lo cual ese silencio, esa negación de que aquí no pasa nada, ha caído.

A quien pone muy nerviosos el Informe Raxen es a los grupos ultras, porque en él se observa en toda su dimensión el problema de los grupos neonazis, el problema del neofascismo creciente. Y eso ha tenido una consecuencia y es una campaña de hostigamiento hacia la asociación y hacia mi persona muy fuerte, tremenda. Cuando aparece el Informe Raxen ellos inician una campaña de hostigamiento, amenazas, descrédito… Es decir, todo lo que pueden hacer lo hacen.

P.– Después de publicar esa lista de grupos, partidos, páginas de internet neofascistas, etcétera, que presenta el Informe, además de las descalificaciones, ¿estos grupos han llegado alguna vez más lejos?

R.– Sí. Descalificaciones, muchas. Además, construcciones falsas, verdades contadas a medias y tergiversadas. Es decir, aplican estrategias desinformativas, a conciencia, con un objetivo: desacreditar el liderazgo. A la entidad, pero sobre todo a la persona que referencia a la entidad, que en este caso soy yo. Pero han ido más allá. Intentos de agresión, de atropello, de atentado, amenazas... Amenazas a través de internet, muchísimas. Tuve una denuncia reciente. Habían puesto una fotografía mía con un texto que decía: “antes que acabar con la basura –se refiere con ‘basura’ a gente de izquierda, indigentes, inmigrantes, judíos, homosexuales y tal– hay que acabar con el defensor de la basura”, literalmente. Ponen mi foto y es una invitación a que me hagan un atentado. Con lo cual, mis problemas de libertad son importantes, estoy permanentemente atacado por este tipo de gente. 

P.– En los informes de Movimiento contra la Intolerancia se hace especial hincapié en frenar los denominados crímenes del odio, que suelen asociarse a la ultraderecha. Sin embargo, muchos vienen también de la mano de grupos radicales de izquierda. ¿Cree que en esos casos la sociedad los condena menos o que este cliché se debe a una cierta desinformación?

R.– Un crimen de odio está motivado por el rechazo, por la fobia a algo. Generalmente es un odio racista, xenófobo, antisemita… pero también puede ser odio ideológico. Hasta ahora, los crímenes de odio con resultado de muerte han sido protagonizados por una ultraderecha que tiene una connotación muy concreta, es la ultraderecha neonazi. El neonazismo se abre camino en España, como en Europa, de manera muy sanguinaria. Ante estos crímenes ha habido una respuesta violenta de sectores de ultraizquierda que han agredido a grupos neonazis. Hay una guerra larvada entre, por ejemplo, Red Skin y Skin nazis. Ahora, bien es verdad que no recordamos asesinatos protagonizados por estas bandas. Mientras que estos otros han protagonizado más de setenta. 11 noviembre 2009  

Movimiento contra la Intolerancia

 


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