CAROLINA RODRÍGUEZ LÓPEZ La preocupante
situación del periodismo en el mundo Dos elementos básicos del periodismo se están viendo amenazados todos los días a lo largo y ancho del mundo. Una sombra se cierne sobre los buscadores de la verdad, aquellos a los que conocemos vulgarmente como periodistas. La represión y la censura a las que están sometidos se están convirtiendo en unos fenómenos preocupantes. La función de un periodista, que es además de una forma de vida, una pasión, les puede conllevar la detención, tortura, secuestro e incluso la muerte. Encontrar la verdad y darla a conocer al mundo puede ser más peligroso de lo que nos imaginamos. Organizaciones de periodistas de todo el mundo denuncian este problema año a año, sin que se ponga solución. El número de periodistas que se ven afectados por cualquiera de estas tácticas en vez de disminuir parece que va en aumento. No hay más que dar un repaso a las cifras que se van sumando cada día a la lista, esto supone la pérdida de grandes profesionales que han dado su vida por dar a conocer la verdad de lo que ocurre en el mundo, haciendo lo que más les gusta. Los últimos casos que han saltado a los medios están relacionados con la represión y la censura, unos métodos que “supuestamente” llevaban extinguidos desde la Segunda Guerra Mundial y que en realidad nunca han desaparecido y menos en determinados países. En Venezuela hace unos meses, en la ciudad de Valencia, se redactó un comunicado que censuraba explícitamente a cualquier articulista, de cualquier medio de comunicación, que descalificara o criticara a Hugo Chávez o a los organismos relacionados con la revolución, declarándole persona non grata. Situaciones como estas, que habitualmente pasan desapercibidas por la mayor parte de los ciudadanos, se repiten de continuo coartando el derecho a estar informados y limitando la libertad de informar que tienen los periodistas. Una serie de medidas de carácter totalmente inconstitucional, ilegal y antidemocrático. Estos casos nos confirman la consolidación de los medios de comunicación como cuarto poder del Estado. Si este poder que sustentan realmente no fuera cierto y su influencia mínima, ningún gobierno tendría miedo de que los periodistas cumplieran su función y no tendrían la necesidad de tomar medidas represivas contra ellos. Un acto de censura que no ha pasado desapercibido ha sido el de China, que con los Juegos Olímpicos del año pasado salieron a la luz todos los métodos represivos que estaban ejerciendo sobre los medios de comunicación. Es un gran ejemplo de cómo los gobiernos represores de determinados países, aterrorizados ante la posibilidad de que “ciertos temas oscuros” no sean investigados ni salgan a la luz, coartan a todos los medios, les limitan sus movimientos y además les imponen una línea ideológica mediante versiones de los organismos oficiales del Estado que siempre velarán por sus intereses. Los nuevos perseguidos ahora son los llamados ciberperiodistas o también llamados ciberdisidentes que con la llegada de internet han visto una ventana abierta a la difusión mundial y sin barreras de la información. Este fenómeno está trayendo más de un quebradero de cabeza a gobiernos represores que quieren concentrar y mantener el poder y control mediático en sus manos. Muchos de estos casos pasan casi desapercibidos. Una postura que a los propios medios no favorece es que hechos como estos caigan en el olvido o sean relegados a un segundo plano en cualquier medio. Muy pocos habrán escuchado o leído, que a finales del año pasado, un periodista mexicano: Armando Rodríguez, fue asesinado por dos hombres armados en Ciudad Juárez. México es, junto a la mayoría de los países de Suramérica, uno de los más peligrosos y arriesgados para la vida de los periodistas. Cerca de cuarenta periodistas han sido asesinados y ocho han desaparecido desde el 2000 hasta 2008 en México. Las organizaciones de profesionales de la información de todo el mundo denuncian estos casos y luchan por la seguridad y protección de los periodistas y de su trabajo. Piden total libertad para desempeñar su trabajo sin represiones, coacciones, censuras, persecuciones, detenciones, secuestros... e incluso la liquidación física. Los casos más conocidos y trágicos que recordamos en nuestro país son los de Julio Anguita Parrado, José Couso o Ricardo Ortega. Parece mentira que el pasado día siete de marzo se cumplieran ya cinco años desde el asesinato de Ricardo Ortega en Haití donde fue tiroteado y herido de muerte. Ricardo Ortega, reportero de la cadena de televisión Antena 3, se encontraba en este país cubriendo el derrocamiento de Jean Bertrand Aristide en Puerto Príncipe. Resulta indignante cómo pasados cinco años desde esta trágica fecha todavía no se haya esclarecido la autoría de los disparos que le causaron la muerte. Continúan abiertas cuatro diligencias para investigarlo, se han llamado a declarar a testigos presenciales y se siguen buscando más periodistas que se hallaran en el tiroteo. Como podemos comprobar, la muerte de Ricardo Ortega no está, ni mucho menos olvidada, y es que ni la justicia ni los periodistas debemos mantenernos impasibles ante un problema que, aunque no tendría que ocurrir, cada año se cobra a más vidas de las que nos imaginamos. Otro caso que conmocionó a periodistas y espectadores fue el de Julio A. Parrado, que murió en 2003 al sur de Bagdad desempeñando su profesión. Ser periodista no debería suponer un peligro para la vida de estas personas, pero desgraciadamente, en los últimos años, periodistas, cámaras, fotógrafos y todos los profesionales de la comunicación se han convertido en objetivos en guerras y países conflictivos. Anguita Parrado se encontraba en un centro de comunicaciones del Ejército de EE.UU. en Bagdad, uno de los lugares más seguros de la zona. El periódico El Mundo le había enviado a cubrir los conflictos que se estaban produciendo en esta región. Allí trabajaba junto con un compañero del semanario alemán Focus, Christian Liebig, ambos murieron cuando un misil estalló en el centro en el que se encontraban. La mañana en la que se apagó la vida de Julio Anguita le habían ofrecido asistir a una incursión por la zona conflictiva, pero ante el peligro que suponía, Parrado decidió quedarse en el centro, que consideraba un lugar más seguro. Los compañeros que aceptaron ir a esta incursión volvieron sanos y salvos, y los que creían estar en el lugar más seguro de todos, como Julio, murieron.
También habría que mencionar la muerte de Brad Will, otra de las más
conocidas. El asesinato no es la única práctica que se lleva a cabo
hacia los periodistas, el secuestro y las detenciones también son
habituales. Más de un centenar de profesionales de la información se
encuentran encarcelados por haber divulgado informaciones que no gustan
a sus respectivos gobiernos y que reclaman la libertad de información y
expresión para ejercer su profesión.
Todo esto nos tiene que hacer reflexionar sobre la situación que está
viviendo el periodismo en el mundo en estos momentos y la falta de
repercusión social que tiene. Si nadie se preocupa por ello tendremos
que empezar a hacerlo las nuevas generaciones de futuros periodistas que
ocuparemos esos puestos dentro de unos años. |
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Portadilla Nº Marzo 2010 Cultura,
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