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Portada Nº Marzo 2010
Cultura, Ciencia y Sociedad
Sección General


CECILIO URGOITI


Una Cumbre sin vuelta atrás

Cuando todo el mundo está loco, estar cuerdo es una locura
Paul Samuelson

De cualquier forma, concienzudamente o no, podemos indagar sobre lo que llamamos el calentamiento de la Tierra o global, pudiendo llegar a las consideraciones más negativas o a las menos desastrosas, en función de los parámetros con los que midamos y el tiempo que establezcamos para un feliz desenlace o para la vía del desastre. Pero lo fundamental y lo que considero de mayor objetividad, con el fin de dar una solución seria, es preguntarnos si el calentamiento del planeta influye en mí, en mis hijos, en mi familia y en toda la sociedad. La respuesta debe ser definitivamente que “sí”. Y por supuesto este sí es importante, o al menos es la conclusión que he ido sacando a lo largo de mis preguntas y de cuantas consultas he realizado. Hoy más que nunca sus efectos los padecemos todos. Muchos serian los ejemplos, pero sirvan éstos de muestra: climas muy variables, deterioro paulatino y constante del ambiente, estaciones que duran más de lo normal… En fin, son evidentes los efectos que nuestro medio ambiente sufre por el calentamiento global. 

Demos primeramente una respuesta comprensible y de la manera más llana posible al asunto central de este escrito. ¿Qué es el calentamiento global? Empezaré diciendo, de una manera general, que es una acumulación de gases tóxicos, producidos a través del tiempo por el uso y la quema de combustibles fósiles, lo que también llamamos “energías no renovables”, que provoca el incremento de la temperatura en la atmósfera que cubre nuestro planeta, y con ello se va experimentando un recalentamiento gradual y permanente, ya que no aminoramos el consumo de tales combustibles. 

Otra de las preguntas que debemos hacernos en este somero análisis es la siguiente: ¿cuáles son las causas del calentamiento de la Tierra? A decir de los expertos, el calentamiento global es provocado principalmente por tres variables fundamentales, que son: el uso y quema de combustibles fósiles, como ya hemos mencionado, la tala desenfrenada de bosques y selvas, y una sobrepoblación del planeta que hace aún más grande la demanda de recursos vitales para la subsistencia, como el agua, la propia energía y los alimentos.  

Cada día que pasa hay más espacio deforestado, los bosques se van aminorando y, paralelamente, se van creando nuevas ciudades y las nuevas fábricas conviven con las ya obsoletas, consumidoras de carbón, que emanan más de 2.500 millones de toneladas de dióxido de carbono. Todo ese ingente volumen que la industria expulsa en un año al ambiente, unido al uso excesivo del automóvil, con emanaciones próximas a los 1.500 millones de toneladas de dióxido de carbono añadidas, va de forma directa a la atmósfera. Hagamos una simple suma y tendremos una respuesta para poder exigir a la Cumbre de Copenhague “parar la contaminación”; no lo que hasta ahora se hace, que es “pagar por la contaminación”.  

Pero hagamos ahora otra pregunta. ¿Cuál es la función de la atmósfera? Su cometido es atrapar algunos de los rayos solares dentro del planeta, manteniendo una temperatura media de 15º C. De lo contrario, los rayos solares escaparían y la temperatura del planeta seria unos -18º C. Esta función se conoce como “efecto invernadero”, y es causada por gases como el vapor de agua, el dióxido de carbono, el metano, los óxidos de nitrógeno, el ozono, los cloroflourcarburos… Pero si aumenta la concentración de tales gases, los rayos del sol no pueden escarpar, haciendo elevar la temperatura del planeta desastrosamente. 

Ahora bien, ¿cuáles son las consecuencias del calentamiento global? Los efectos más palpables, y que son percibidos de manera muy notoria, pues los medios de comunicación van dando cumplida cuenta de lo que a diario ocurre en el planeta, son las torrenciales lluvias y los huracanes de mayor intensidad en unas zonas, junto a sequías prolongadas y aumento de la temperatura en otras que provocan incendios y escasez de agua potable, lo que a su vez contrasta con el aumento del nivel de los océanos por la disolución de los polos glaciares. Se trata de un proceso sin duda preocupante, pues si el nivel del mar subiera más de 6 metros, provocaría inundaciones muy inexorables y destruiría lugares como Holanda, Florida, San Francisco, Beijing, Shanghái, Calcuta, Bangladesh, Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche… 

A juicio de los investigadores, lo que se ha estado viviendo en 2009 es muy serio. Por ejemplo, en México las sequías son extremas. Ecuador tuvo en febrero las peores inundaciones de su historia. En Brasil, las lluvias torrenciales dejaron 84 muertos y millón y medio de damnificados. Mientras, en el hemisferio norte se están registrando inviernos cada vez más gélidos, con abundante caída de nieve. Tampoco se libra el continente africano. Así, Mozambique tuvo fuertes lluvias e importantes expulsiones de lava, aunque fue la zona norte la más golpeada: Argelia se enfrentó a las mayores inundaciones y Marruecos tuvo precipitaciones enormes. No quedó exenta Australia, siendo el mes de mayo el más seco de toda su historia. En China, las inclemencias del invierno afectaron a 78 millones de personas. Pero, además, el país de la Gran Muralla se vio enfrentado a otro problema: la contaminación, que genera una disminución de lluvias. Unas precipitaciones que son esenciales para su agricultura. Las lluvias ligeras, las que mejor absorbe el suelo, disminuyeron en China en un 23 por 100 en menos de 50 años. En Asia, Birmania vivió la peor catástrofe natural con el ciclón Nargis, la isla de Sibuyan con el tifón Fengshen y Taiwan con el Marakot.  

Cada día que pasa sin ponerle remedio, nos la estamos jugando. Ahora bien, podemos seguir mintiéndonos. También podemos seguir pensando que aún hay tiempo para que se produzca un cambio en la mentalidad social, que ese cambio va a ser posible y va a impulsar un desarrollo ecológico en la mentalidad del ser humano. Igualmente podemos imaginar que esto es un problema de alguien más alto en la esfera política, o que los científicos lo solucionarán. Incluso, que con sólo adoptar unos sencillos puntos en Copenhague se puede salvar la actual situación.  

Sea como fuere, la cita que se está desarrollando sobre el calentamiento de nuestro planeta no es una más. Es la Cumbre, con mayúsculas. Porque puede empezar a poner un serio freno a la sinrazón del neoliberalismo. Quiero entender que ahora se pueden dar los condicionantes políticos, a nivel global, para abordar la cuenta atrás del egoísmo, para guiar a los poderosos del planeta por la senda ética de la economía social. La crisis económica que vive el mundo debe hacer reflexionar a los mandatarios y debe servir de forma seria para equilibrar vida y desarrollo. Las lecciones aprendidas –esperemos– servirán para hacer el mayor de los esfuerzos en la solidaridad de las naciones y buscar la compatibilidad entre economía y ecología.  

A un nivel más personal, lo que tenemos que hacer cada uno de nosotros es darnos cuenta de lo esencial: no podemos seguir destruyendo lo que tenemos, vamos a quedarnos sin nada. Si no nosotros, sí nuestros descendientes. El mundo en el que vivimos es para que todos lo disfrutemos, pero lo fundamental es la conservación del planeta como nuestra mejor herencia a las sociedades venideras. Cada persona debe hacer a su escala lo que nos corresponde, que no es sino vivir en armonía con la naturaleza y hacer un consumo responsable de los recursos. Este planeta no es nuestro, sólo somos los custodios de sus futuros habitantes. 15 diciembre 2009  

 


OPI

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