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Portada Nº Mayo 2010
Cultura, Ciencia y Sociedad
Sección General


JAIME GARCÍA


Europa no es un museo… todavía

El imponente patrimonio cultural de Grecia contrasta con la precaria situación de su economía, al borde de la quiebra. España, que ostenta la presidencia rotatoria de la Unión Europea, corre el riesgo de seguir el mismo camino, según las últimas informaciones.

La recuperación económica de la Unión Europea no termina de arrancar, pese a las buenas señales de Alemania y Francia. No obstante, las locomotoras del viejo continente tendrán en 2010 unos niveles de paro muy cercanos al 11 por ciento, según datos de The Economist Intelligence Unit. Por encima de la media europea, el 11 por ciento, estará España, con un 20,5 puntos de desempleo. Gran Bretaña e Italia, con unos niveles alrededor del 10 por ciento no se alejan mucho del promedio de la UE.

Las estimaciones del Fondo Monetario Internacional estiman que ninguno de los países mencionados llegará al 1 por ciento de crecimiento del Producto Interior Bruto. Brasil crecerá un 3,5 por ciento, India experimentará un aumento del PIB del 6,4 por ciento y China crecerá un 9 por ciento.

Otras estimaciones prevén que la economía de la UE pasará de suponer el 21 por ciento del PIB mundial, como en el año 2000, a caer hasta el 5 por ciento en apenas 30 años superada, entre otros, por China e India.

Nicolás Sarkozy y Ángela Merkel han anunciado un paquete de 80 proyectos comunes para salir juntos de la crisis. La UE europea de las cuatro cabezas sigue esperando a adoptar medidas conjuntas. La aplicación del Tratado de Lisboa no logra sacar a Europa de la irrelevancia internacional. El liderazgo compartido de Van Rompuy, Ashton, Barroso y Zapatero no ha logrado que la voz de Europa sonara en la Cumbre del Clima en Copenhague. Obama prefirió negociar directamente con China e India y tampoco cree urgente celebrar la cumbre UE-EEUU prevista para mayo.

El presidente de EEUU tampoco sabe a qué teléfono llamar cuando quiere hablar con Europa que se presenta al mundo sin una política exterior clara. Brown anda deprimido en su euroescéptica región. Berlusconi prefiere blindarse de sus delitos ante la justicia italiana. Zapatero lucha cada día por irse a la cama sin ningún sobresalto nuevo al tiempo que la prensa internacional duda de su capacidad para liderar la salida de la crisis de la UE. Merkel y Sarkozy prefieren solucionar los asuntos por su cuenta. Y Obama sigue sin saber a quién llamar.

Hasta hace no tanto Europa representaba el papel de superpotencia blanda. Silenciosamente hacía valer la diplomacia, la persuasión y su prestigio cultural. La región se acostumbró a no hablar alto y hoy ya no se la oye. “Los arquitectos del experimento europeo de los años 50 lo comprendieron a carta cabal. Para ellos, la integración –posteriormente unificación– de Europa era una cuestión de supervivencia, cultural, política y económica”, dice el historiador Kenneth Weisbrode en un artículo publicado en el número 34 de Vanguardia Dossier.

Hoy Europa sigue planteándose la cuestión de la supervivencia. Los líderes europeos confiaron en el Tratado de Lisboa para salir de una parálisis que amenazaba con convertirse en crónica pero el diseño no parece acertado. Todavía tiene algo más que prestigio cultural. Aún no es un museo. Todavía...
10 marzo 2010  

 


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