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JAIME GARCÍA
Europa no es
un museo… todavía
El imponente patrimonio cultural de Grecia contrasta con la precaria
situación de su economía, al borde de la quiebra. España, que ostenta la
presidencia rotatoria de la Unión Europea, corre el riesgo de seguir el
mismo camino, según las últimas informaciones.
La recuperación económica de la Unión Europea no termina de arrancar,
pese a las buenas señales de Alemania y Francia. No obstante, las
locomotoras del viejo continente tendrán en 2010 unos niveles de paro
muy cercanos al 11 por ciento, según datos de The Economist Intelligence Unit. Por
encima de la media europea, el 11 por ciento, estará España, con un 20,5 puntos de
desempleo. Gran Bretaña e Italia, con unos niveles alrededor del 10 por
ciento no
se alejan mucho del promedio de la UE.
Las estimaciones del Fondo Monetario Internacional estiman que ninguno
de los países mencionados llegará al 1 por ciento de crecimiento del Producto
Interior Bruto. Brasil crecerá un 3,5 por ciento, India experimentará un aumento
del PIB del 6,4 por ciento y China crecerá un 9 por ciento.
Otras estimaciones prevén que la economía de la UE pasará de suponer el
21 por ciento del PIB mundial, como en el año 2000, a caer hasta el 5
por ciento en apenas
30 años superada, entre otros, por China e India.
Nicolás Sarkozy y Ángela Merkel han anunciado un paquete de 80 proyectos
comunes para salir juntos de la crisis. La UE europea de las cuatro
cabezas sigue esperando a adoptar medidas conjuntas. La aplicación del
Tratado de Lisboa no logra sacar a Europa de la irrelevancia
internacional. El liderazgo compartido de Van Rompuy, Ashton, Barroso y
Zapatero no ha logrado que la voz de Europa sonara en la Cumbre del
Clima en Copenhague. Obama prefirió negociar directamente con China e
India y tampoco cree urgente celebrar la cumbre UE-EEUU prevista para
mayo.
El presidente de EEUU tampoco sabe a qué teléfono llamar cuando quiere
hablar con Europa que se presenta al mundo sin una política exterior
clara. Brown anda deprimido en su euroescéptica región. Berlusconi
prefiere blindarse de sus delitos ante la justicia italiana. Zapatero
lucha cada día por irse a la cama sin ningún sobresalto nuevo al tiempo
que la prensa internacional duda de su capacidad para liderar la salida
de la crisis de la UE. Merkel y Sarkozy prefieren solucionar los asuntos
por su cuenta. Y Obama sigue sin saber a quién llamar.
Hasta hace no tanto Europa representaba el papel de superpotencia
blanda. Silenciosamente hacía valer la diplomacia, la persuasión y su
prestigio cultural. La región se acostumbró a no hablar alto y hoy ya no
se la oye. “Los arquitectos del experimento europeo de los años 50 lo
comprendieron a carta cabal. Para ellos, la integración –posteriormente
unificación– de Europa era una cuestión de supervivencia, cultural,
política y económica”, dice el historiador Kenneth Weisbrode en un
artículo publicado en el número 34 de Vanguardia Dossier.
Hoy Europa sigue planteándose la cuestión de la supervivencia. Los
líderes europeos confiaron en el Tratado de Lisboa para salir de una
parálisis que amenazaba con convertirse en crónica pero el diseño no
parece acertado. Todavía tiene algo más que prestigio cultural. Aún no
es un museo. Todavía...
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