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Portada Nº Mayo 2010
Reportajes y Entrevistas
Sección General

 


Teresa Cunillera, Vicepresidenta Primera del Congreso de los Diputados

“Al recurrir el Estatut no recurres una ley, sino la voluntad de mucha gente que ya lo había votado”

Teresa Cunillera con Juan José Lecumberri, autor de la entrevista (foto: D.S.)
 

“No gustamos a la cúpula de la Conferencia Episcopal”
 


 Por Juan José Lecumberri

Se colocó unas gafas asombrosas, a medio camino entre postmodernas y señorita Rotenmeyer, y con ellas la eligieron vicepresidenta primera del Congreso de los Diputados. Con ellas, probablemente, acabará la legislatura, sobre todo si alguien se las ha criticado, porque María Teresa Cunillera i Mestres (Bell-lloc d´Urgell, 17 de febrero de 1951), es una mujer de carácter e independencia de criterio más que sobrados. Política catalana. Estudió peritaje mercantil y es miembro del PSC-PSOE. En las elecciones generales de 1982, 1996, 2000, 2004 y 2008 fue elegida diputada por la provincia de Lleida. De 1986 a 1993 fue vocal asesora y directora general del gabinete del ministro de Relaciones con las Cortes y de la Secretaría del Gobierno. De 1993 a 1996 fue vocal asesora del gabinete de la Presidencia del Gobierno. Ha sido secretaria y portavoz adjunta del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de 1998 a 2007.    

Parece que sus gafas le dan un aire distante cuando ocupa el sillón presidencial del Congreso, cosa nada más lejana de su personalidad en la distancia corta.

Teresa Cunillera, disciplinada socialista, no tiene ningún inconveniente, cuando ejerce la presidencia, en poner firme a cualquier señoría que se lo gane, incluso de su propio grupo. La subleva especialmente que algún diputado díscolo, de la oposición, la acuse para fustigarla de actuar en algún momento con favoritismo sectario. Conoce muy bien su papel en cada momento y lo ejerce a conciencia. Sus gafas, también profesorales, la ayudan a menudo.

Aparece discretamente cuando se levanta Bono, y desaparece de la misma forma cuando éste regresa. Y no se arruga al moderar cualquier debate, sea de la naturaleza que sea.    

 PREGUNTA.– ¿Qué le empujó a dedicarse a la política?

RESPUESTA.– Cuando yo entré en la política era en la época del tardo-franquismo, uno no tomaba esta decisión de una manera razonable. No pensabas me voy a dedicar a la política o voy a hacer de mi vida una carrera política, uno entraba en política porque había una reacción contra la dictadura, porque había que luchar por la democracia.

P.–  ¿Siempre ha tenido claro que los ideales y principios del PSOE eran los más cercanos a los suyos?

R.– Yo siempre tuve muy claro que mi partido era el Partido Socialista, aquí empecé mi carrera, aquí sigo y aquí acabaré.

P.– ¿Cómo llega a ser diputada en 1982, la primera legislatura con mayoría del PSOE, una persona de un pueblo pequeño como Bell-lloc?

R.– Creo que en 1982 estaba claro que el PSOE podía ganar las elecciones, pero nadie podía predecir la dimensión de la victoria. 

Yo era una chica joven, dinámica y es posible que pensaran que le podría dar a la campaña más dinamismo (valga la redundancia). También es verdad que si se hubiera sabido el resultado de las elecciones igual hubiera habido más pelea por ser segunda en la lista.

P.– ¿Cuáles son las diferencias más claras en la manera de trabajar o de comportarse en el Congreso entre aquellos años y los actuales?  

R.– Han cambiado muchas cosas, incluso desde el punto de vista ideológico. En el año 82 se tenía que reconstruir el país, todo estaba por hacer.

Recuerdo que aquella fue una legislatura muy productiva, una legislatura en la que se estaba desarrollando la Constitución por lo tanto el trabajo era apasionante. Se podría decir que era un trabajo de base, de desarrollar la Constitución pero también de construir convivencia, estructuras… Además el hecho que el Partido Socialista tuviera 202 diputados le daba a esto una solidez y una potencia impresionante, también es verdad que los medios eran muy precarios.

Ahora desde el punto de vista legislativo estamos regulando derechos civiles que perfeccionan lo que entonces se hizo y desde luego el acceso a las nuevas tecnologías lo ha cambiado todo, para bien y para mal. Ha cambiado el hábitat de los diputados que trabajan más cómodamente, permite tener una relación muy fluida con los electores y también que la red sea el refugio de los cobardes que la usan para insultarte, para denigrarte…

P.– ¿Cuándo usted era diputada uno de sus objetivos era llegar a ostentar un cargo como el que ejerce ahora o no se imaginaba que llegaría a esto?

R.– Yo lo que no me podía ni creer es que era diputada, porque para mí llegar a esta casa fue increíble, porque claro, como todas las cosas de la teoría a la práctica cambia mucho y para mi ser diputada es lo más que se puede ser. Es decir que haya unos ciudadanos en Lleida que lleguen a pensar que puedo ser una buena diputada que les puedo defender y representar correctamente me produce una carga de responsabilidad tan grande que cada día me despierto pensando en cómo puedo hacerlo mejor.

Para mi ser diputada ya lo era todo y en aquel momento no tenía objetivos en política. Aunque mis primeros objetivos fueron derribar la dictadura, luego la Transición que fue un momento muy importante donde se vieron actos de generosidad fantásticos pero también mucha miseria. Todavía nos falta perspectiva para analizar los años de la Transición, fueron apasionantes, de mucha creatividad que han dejado un poso que luego algunos han olvidado.

Entonces uno no entraba en política queriendo ser ministro o diputado, porque te jugabas entre otras cosas ir a la cárcel, te jugabas que te expulsaran de tu cuerpo de funcionarios… Nadie se juega ir a la cárcel por ser diputado, yo nunca me plantee mi entrada o participación en la política desde este punto de vista, es más si hoy mi partido me pidiera que trabajara en otro ámbito lo haría porque estoy aquí para servir no para otra cosa. 

P.– ¿Podría explicar qué sintió cuando fue elegida vicepresidenta primera?

R.– Me sentí muy abrumada. Ya me habían comentado algo. Yo venía de haber sido durante dos legislaturas parte de la dirección del Grupo Socialista, con muchísima responsabilidad en mi grupo, era un trabajo muy bonito, de mucho contacto con los diputados, mucha negociación con los otros partidos… Pero estaba muy cansada y de repente me dijeron que era posible que fuera a la Mesa. Cuando el Presidente del Gobierno me dijo que había pensado en mí como Vicepresidenta Primera tenía un desconocimiento absoluto de lo que es esto, si hubiera conocido un poco el cargo probablemente hubiera dicho que no, porque requiere muchísima dedicación. Pero por otro lado me sentí muy alagada porque me eligieron mis compañeros y además que el Presidente pensara que yo lo podía hacer bien me abrumó muchísimo y es un honor.

A mí lo que realmente me gusta es ser diputada por Lleida, me gusta de verdad y lo hago porque me alimenta espiritualmente. A mí el contacto con los ciudadanos me sirve mucho, tanto con los que me halagan como con los que no lo hacen.

P.– Poco tiempo después de ser elegida, expresaba su deseo de que la legislatura fuera “menos tensa”, porque “con el ambiente de crispación y de confrontación de los pasados cuatro años no es posible construir un ámbito de convivencia ni un ámbito de respeto”. ¿Se ha logrado?

R.– No lo hemos conseguido. No hemos conseguido desterrar una cosa que se puede ver cada vez que la derecha está en la oposición, siempre hay crispación. No es un problema de colaboración, más bien de querer llegar al poder sí o sí. Para esto utilizan mecanismos de crispación y de enfrentamiento que es obvio que algunas veces les han dado resultado pero en términos de convivencia y de respeto entre nosotros creo que no es un buen sistema.

Yo cuando hablo con miembros de otros grupos parlamentarios lo hago con el mismo respeto que cuando hablo con los componentes del mío. En esta Mesa seguimos una línea, que el Presidente Bono tiene muy interiorizada, en la que intentamos inculcar que todo es de todos y tomar las decisiones todos juntos, cosa que es muy difícil en los temas importantes.

Cada uno hace política de la manera que sabe, entiende o más le conviene y esto nos retrata a muchos. A mí por ejemplo me da la sensación que el electorado de izquierdas es más exigente con sus representantes, hecho que me gusta y me honra. Este electorado es muy responsable y les duele muchísimo más cuando les defraudamos; en este aspecto el electorado de derechas es más tolerante.

P.– ¿Cómo se viven en el seno de un partido momentos como el escándalo de los GAL o el caso Roldán? Cuando salieron a la luz estos temas, usted era vocal asesora general del gabinete del ministro de Relaciones con las Cortes y de la Secretaría de Gobierno, y posteriormente vocal asesora del gabinete de la Presidencia de Gobierno. ¿Le afectaron estas situaciones a la hora de realizar su trabajo?

R.– Son momentos terribles porque el género humano siempre te puede defraudar pero no es lo mismo que te defraude tu padre que lo haga un extraño. Por tanto cuando uno hace una significación en la política, me consta que los que hacemos este trabajo tenemos una vocación de servir o de construir un país mejor, siente un dolor tremendo y yo en ese momento sentí mucha vergüenza de cómo algunos estaban fallando a los ciudadanos. Por eso no puedo entender como cuando en otro partido hay problemas de este tipo, les veo salir con bravuconadas y no les da vergüenza.

P.– ¿Y usted cree que debería haber más opciones en este sentido?    

R.– Creo que sí, pero la vorágine de las audiencias lleva a las televisiones a no plantearse que este tipo de programas pueda existir. Creo que a día de hoy ni se lo plantean, y si no se lo plantean hoy es porque no se lo han planteado nunca. Creo que podrían o deberían existir, pero como no son de gran audiencia no se lo van a plantear jamás.   

P.– ¿Después de llevarse esa decepción se planteó dejar la política? 

R.– Nunca, al contrario. No me importa pedir perdón por esos episodios. No porque yo hubiera sido la que los cometió; nunca he entendido, por ejemplo, cuando preguntan al señor Rajoy: ¿Si se demuestra que hay una gestión irregular en su partido dimitiría? Y responde que no porque él no ha sido. Entiendo que no dimita, pero sí eres responsable de dar la cara ante tus electores.

Si no, es normal que la gente mire a la política y piense que nos da lo mismo y no es verdad. En los años de aquellos episodios he visto mucho dolor en el partido socialista, mucha pena y angustia pero por eso y por la gente que se sentía defraudada.

P.– ¿Es comparable la magnitud del caso Gürtel?

R.Bueno, a la hora del tratamiento de los temas, los periodistas tenéis influencia pero en todo aplicamos la ideología que hace decantarte a favor o en contra y condiciona la neutralidad.

Creo que cada uno debe administrar sus problemas como mejor sepa o entienda pero no entiendo que haya dobles varas de medir. En fin estas cosas me producen mucha inquietud no personal, que también, sino porque esta no es manera de hacer un país.

P.– En 1996 perdieron las elecciones, que acabó ganando el PP. ¿Pudo ser consecuencia de los episodios comentados antes? ¿Cómo vivió la experiencia de ser diputada, pero sin que su grupo fuera el que gobernaba?  

R.– En esas elecciones fue la primera vez que encabecé la lista de Lleida y realmente no sé hasta qué punto hubo parte de eso, no sabría valorarlo.

Nosotros perdimos por 300.000 votos, había un país muy dividido y alterado y no sabría calibrar si ganó la oposición o perdió el gobierno, igual que en 2004.

La derecha tuvo una gran oportunidad y hubo muchas cosas que dejó de hacer, ganar para ganar no vale.

En cuanto a ser diputada desde el otro lado, decir que estar en la oposición después de tantos años te lleva a hacer una reflexión profunda, además en ese momento Felipe González dimitió con lo cual había que buscar un nuevo dirigente. Fueron unos momentos de reubicación del Partido Socialista y cuatro años del PP gratuitos porque cuando hablabas de algo siempre salían con el anterior gobierno del PSOE.

Todo este proceso llevó a la victoria por mayoría absoluta del 2000.

P.– En 2007 su partido prefirió mantenerla en la dirección parlamentaria, por su capacidad negociadora con los partidos catalanes en la fase final de la legislatura. ¿Cómo son las negociaciones con estos partidos, estando presente la crispación por el tema del Estatut?

R.Cuando tú estás en una negociación es evidente que lo general marca pero estás negociando lo particular, es decir puede existir el tema del Estatut pero si, por ejemplo, estás hablando de la reforma laboral no influye. Si puede influir si tratas aspectos de tema ideológico pero para el resto la división es entre derecha e izquierda.

P.– ¿Qué salida contempla para el Estatut?  

R.– Creo que lo mejor hubiera sido no recurrirlo porque al recurrir algo que ha votado el Parlament de Catalunya y que han votado las Cortes Generales y el pueblo de Cataluña, ya no recurres una ley sino la voluntad de mucha gente. Eso para mí es muy complicado y delicado, además las sentencias del Tribunal Constitucional suelen tardar muchos años, por lo que estamos ante una anomalía..   

P.– Siguiendo con el tema de Catalunya, ¿qué opinión tiene sobre las consultas por la independencia en 166 municipios catalanes? ¿Qué futuro le augura al anuncio de petición para que el Parlament permita un “referéndum vinculante” para abril?  

R.– De entrada, el referéndum está especificado y regulado por ley quien lo puede autorizar y quien no. Sólo lo puede convocar el Gobierno de España. Creo que las consultas populares tienen un punto de campaña y también de provocación, en el que la derecha centralista cae y las hacen grandes. 

Darle la magnificencia que se le quiso dar desde algunos ámbitos ha hecho que se hable mucho de esto, pero creo que es campaña. 

P.– ¿Con qué objetivo piensa que el PP habla de persecución del castellano en Catalunya? ¿Qué opina sobre algunos reportajes de Telemadrid tratando el tema?

R.– El tópico de que en Cataluña no se sabe hablar castellano está alimentado por la derecha más cavernícola de este país. Tampoco me sorprende si lo dicen en Tele Madrid porque es una televisión muy sectaria, lo que me extrañaría es que esta televisión dijera algo bueno de Cataluña y del Gobierno del tripartito.

Para este tema el mejor ejemplo es el práctico y es imposible encontrar un niño catalán que no sepa hablar castellano, imposible.

Tenemos una Cataluña plural pero que le dice a España como quiere estar dentro de la propia España. Sí que hay un sentimiento que se expresaría con una relación federal pero la inmensa mayoría de los ciudadanos de Catalunya no nos queremos ir de España. Queremos contribuir a que haya un país diferente y no el de la derecha cavernícola que no nos gusta pero no nos gusta tampoco para andaluces, extremeños, gallegos… No es la España que nos conviene, nos conviene una que sea respetuosa dónde todos quepamos.

A veces da la sensación escuchando ciertos medios que nos quieren fuera y tenemos que saber encontrar lo común y lo que nos une.

P.– ¿Qué supondría para su partido perder las elecciones en Andalucía, donde gobiernan desde 1982, como indican las primeras encuestas?

R.– La verdad es que no lo contemplo. En Andalucía ha pasado una cosa muy curiosa, el día que iba a salir esa encuesta el Partido Popular hizo una rueda de prensa preventiva en la que decía que dicha encuesta estaba manipulada y que no se tenían que atender los resultados.

En cambio cuando les dieron los resultados lo celebraron entusiásticamente, esta es la demostración más clara de la hipocresía y del cinismo aplicado a la política. Yo recomendaría al PP que no hagan más ruedas de prensa preventivas.

Las encuestas son el reflejo de un momento determinado, de una sensación y de un ánimo en el que vive la gente. Esperemos a ver qué pasa el día de las elecciones, yo siempre he dicho que las encuestas hay que escucharlas y estudiarlas pero no tanto por los resultados sino por el ánimo en el que se encuentra el ciudadano y queda la percepción que en Andalucía se podría hacer más.

P.– ¿Qué le pasa a la cúpula de la Conferencia Episcopal con el PSOE, por qué mantienen esta relación tan tensa con ustedes?

R.– Yo creo que no les gustamos pero no está mal que no les gustemos, a mí tampoco me gusta algún clero, pero tengo un respeto infinito y por tanto exijo que me lo tengan a mí también. Mantengo muy buena relación con algunas monjas, con creyentes… El problema son las manifestaciones de la Conferencia Episcopal.

A mí me merecen respeto cuando hablan para sus fieles pero ellos no han sido elegidos para legislar, para eso hemos sido elegidos los diputados y senadores. Nuestros electores nos tienen que exigir que lo hagamos bien y la Conferencia Episcopal debe cuidarse de las almas que las hay perdidas también en la Conferencia Episcopal.

 P.– ¿Cree que la clase política española está menos valorada de lo que se merece? Artículos como el que escribió Arturo Pérez-Reverte, criticando a los diputados, muestran el poco respeto que muchos tienen por ustedes. ¿Cuál piensa que es el motivo? 

R.– Que critiquen a los políticos me parecen bien, está en el orden natural de las cosas, lo que no me parece respetable es el insulto.

No me parece respetable porque a raíz de esta polémica con Pérez-Reverte y de alguna otra cosa a mí me han insultado mucho y me han dicho cosas que se podrían considerar incluso amenazas, eso no me parece tolerable.

El problema es que meterse con los políticos es gratis y hace gracia, en la política hay gente de todo tipo. ¿Todos en el mundo de la prensa son buenos? 

En los negocios más de lo mismo, no es igual el empresario que se dedica día a día para conservar los puestos de trabajo, etc. Que Díaz Ferrán.

Generalizar en el mundo de la política es una gran injusticia y se hace un mal servicio al país. Yo le preguntaba al señor Pérez-Reverte qué pasaría si nos fuéramos todos, que ya pasó no hace mucho, se echó a todos los políticos entre 1936 y 1939. ¿Queremos eso? Estoy convencida de que no. Entonces usted exíjame que cumpla con el programa electoral, que trabaje todo lo que pueda por Lleida… Denigrar en general es injusto. 

P.– Siendo vicepresidenta primera ha tenido varios conflictos dialécticos con más de un miembro de la Cámara, por ejemplo con Celia Villalobos. ¿Se arrepiente de alguna de estas situaciones o actuaría de la misma manera?

R.– Uno siempre está en esto para mejorar, cada día quiero aprender algo nuevo, por tanto todo es mejorable y lo podría haber hecho mejor en esos casos e incluso en los que me han halagado. Cuando te toca estar en la Mesa de esta casa hay que pensar en el bien común y desde luego debemos tenernos respeto y no debo dejar que los diputados no se tengan respeto, además del respeto a la institución. Creo que en ese sentido esta legislatura es mejor que la anterior y que la impronta del presidente Bono se ha notado mucho. No obstante, siempre hay alguien que se altera, pero es normal. 

Tengo que decir que con la señora Villalobos tengo una relación muy normal y nunca hemos vuelto a hablar de ese tema. 

P.– Uno de los episodios más sonados que ha protagonizado desde que es vicepresidenta tuvo lugar en la lectura de la Constitución por varios jóvenes. Cuando uno de ellos, que tenía que leer el artículo 28, el referente a los sindicatos, pronunció la frase “me da pena y vergüenza que los sindicatos no ejerzan este derecho de huelga en los tiempos que corren y que se dediquen exclusivamente a bailar el agua al señor presidente y a su Gobierno”, usted le quitó la palabra. ¿Qué opinión tiene sobre la actuación de los sindicatos en esta etapa tan complicada?    

R.– Este episodio ha sido muy manipulado, porque también hubo el mismo incidente con otro joven de signo político bien distinto.

La gente habla sobre el derecho de poder expresarse, ¿y el respeto a las normas? El objeto de ese acto es que gente de diversos colegios lean artículos de la Constitución, si el objeto fuera tener un debate sobre cada artículo tendría derecho a hablar el que está a favor del artículo y el que está en contra. Entraríamos en una dinámica en la que todos tendríamos que tener igualdad de oportunidades porque al que lee el artículo y da su opinión ¿nadie le replica? Todo el mundo tendría que poder expresarse no solo uno. Además el respeto a esta casa se lo tenemos que tener todos aunque si es verdad que nosotros tenemos que dar ejemplo.

En esta historia ha habido intereses creados porque nadie habló del otro chico que salió dando un homenaje a su abuelo que tuvo que exiliarse como tantos otros, de ese nadie habla lo que me da que pensar que hay interés en que solo se cuente una parte de la historia.

Los sindicatos lo pueden hacer mejor, sin duda, como todo el mundo pero el ejemplo de responsabilidad, de coherencia y de intentar que la salida de esta crisis sea sin conflictos sociales en el que nadie salga más perjudicado que otro demuestra que los sindicatos lo están haciendo bien. Hay salidas mucho más fáciles en la que los más débiles salen peor y más pobres.

Lo que es verdad es que no le bailan el agua a la derecha que le gustaría que esto estuviera incendiado, eso es verdad. 13 mayo 2010  

 


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