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ANDRÉS GARRIDO
XIII FESTIVAL DE JAZZ DE SAN JAVIER Los Mensajeros Afrocubanos de Chucho Valdés armaron una fiesta caribeña por todo lo alto
Cuba siempre es noticia por cualquier circunstancia; bien sea política, como estos días estamos observando en los diferentes medios de comunicación, o por cuestiones musicales como es el caso que nos ocupa. Uno de sus catedráticos, el pianista Chucho Valdés, volvió a Jazz San Javier para ofrecernos otra lección magistral con su nueva banda: los Afrocuban Messengers. Escuchándolos, uno se puede trasladar a una fiesta caribeña en el mismo corazón de la Cuba más tradicional. Y no es de extrañar cuando se escucha “Misa negra”, una de las más tradicionales piezas del artista cubano que llevara al éxito con el mítico grupo Irakere. Tras esta presentación musical al auditorio del Parque Almansa, Valdés se dirigió a los asistentes dándoles las buenas noches, agradeciendo su asistencia y presentando el primero de los temas que componen su más reciente disco, “Chucho’s Steps” (Las pisadas de Chucho): “Danzón”. Es una pieza en la que Chucho y sus Mensajeros cogen un trocito de “Un americano en París”, otro de los autores de la denominada música clásica, por supuesto ritmos cubanos y todo eso se amasa muy bien con bases jazzísticas dando un resultado abrumador. Si todo el disco es así, ya le auguro un éxito de ventas. La fiesta montada por Chucho y sus chicos no había hecho más que comenzar. Porque a renglón seguido, se dejaron caer las notas de “New Orleans”; una pieza que recoge una muestra de la gran amalgama de estilos musicales característicos de esa cuna del jazz y en un claro homenaje a la familia Marsalis. La banda se lo pasa “en grande” mientras toca. Una banda compuesta por Lázaro Rivero, en el bajo eléctrico y contrabajo; Juan Carlos Rojas, batería; Yaroldy Abreu, en la percusión; Dreiser Durruthy, en el batá y voz; Mayra Caridad Valdés (hermana de Chucho), cantante; Carlos Manuel Miyares, saxo tenor; y la trompeta y corneta, a cargo de Reinaldo Malián. Con “Yansá” volvieron los ritmos afrocubanos, en el más puro y tradicional folklore cubano que provocaban, si cerrabas los ojos y te dejabas guiar por la música, que viajaras hacia el interior de la isla caribeña. Tras ello, otra vuelta al más puro jazz en otro homenaje a Cole Porter y su “Begin the beguine” y que, según explicaba el propio Valdés, él ha titulado “Begin to be good”, con ese “toque” inequívocamente caribeño que tan sólo músicos como Chucho Valdés saben introducir en sus creaciones. De ella habría que destacar la magnífica ejecución del trompetista Reinaldo Malián, que me trajo un certero recuerdo al siempre recordado y querido Dizzy Gillespie, por su manera de inflar los músculos bucinadores de la cara cuando tomaba aire para tocar, así como el estilo del que, sin duda, Gillespie dejó huella entre los músicos cubanos. Y otro homenaje más: para Joe Zawinul, el desaparecido teclista. Con una mezcla de algunos de los más exitosos temas del líder de Weather Reaport, entre otras formaciones, que comenzaba con “Birland”, se compuso el “Mambo para Zawinul” en el que, lógicamente, no podía faltar el toque caribeño y mucho menos tratándose de un mambo.
Con casi una hora de programa, el público estaba lejos de tener una cantidad de fiesta caribeña que le satisficiera. Y entonces apareció en escena un “dulce torrente”: la hermana de Chucho, Mayra Caridad Valdés. Han leído bien: dulce torrente. Porque la voz de esta inmensa mujer –en el más amplio sentido del término– es dulce como para interpretar un bolero pero, a la vez, es un torrente de fuerza y energía como dejaría demostrado en “Obatalá”. El auditorio quedó “deshecho” ante tanta fuerza. Para rematar la noche, Chucho y sus Mensajeros Afrocubanos dejaron aún piezas definitivas, como “Los Pasos” o “Dos caminos”. Aquello resultó contundente para que todo el mundo rindiera pleitesía a estos grandes músicos. Era noche de jueves y la madrugada antes había sido intensa en festejos, debido a la victoria de España frente a Alemania para poder disputar la final del Campeonato del Mundo de Fútbol. Pero apenas se notaba entre el auditorio porque, lejos de mostrar cansancio o desánimo, ellos pidieron más y el catedrático Valdés concedió. Había que animar aún más esa fiesta y Chucho solicitó a todos que bailaran. Y el parque Almansa se transformó en una pista de baile, a los sones de “San José”, con una Mayra Caridad que animaba al respetable, les levantaba de sus asientos (si es que quedaba alguno en esa posición) y bailaba con ellos desde el púlpito de apenas metro y medio sobre el foso del auditorio. La locura se apoderó de todos los presentes y ese foso se quedó pequeño. Tan animados estaban que el grupo no tuvo más remedio que volver a salir, pero esta vez lo hizo hasta el más reciente vástago de Chucho, Julián, de cuatro años de edad y preciosa cara, que sentado al piano junto a su padre también animaba a los presentes, con una pieza en la que los ”güiros” se convirtieron en protagonistas y con la que finalizaba, definitivamente, el concierto. De nuevo, toda la banda agradecía la asistencia, mientras Chucho lanzaba un pronóstico para el domingo, día 11, en la final futbolística entre Holanda y España: “España 2, Holanda 0”. Dios le oiga, señor Valdés. En definitiva,
Chucho Valdés y sus Mensajeros Afrocubanos montaron una fiesta del Caribe en
la segunda jornada del XIII Festival de Jazz de San Javier, en la que todo
el auditorio participó sin fisuras. La próxima cita será este viernes, día
9, en la primera sesión doble de la presente edición con dos estilos
diferentes dentro del género: el cuarteto del saxofonista Marcus Strickland,
y el contrabajista Avishai Cohen y su quinteto.
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Portada
Portadilla Nº Septiembre 2010 Reportajes
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