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ANTONIO GARCÍA DE DIEGO


REFLEXIONES ANTE EL 20N

Lo único que sabemos, a medias, es que hay que embarcarse, y el rumbo nos lo dirán, los que resulten ganadores, en alta mar

Las elecciones de 2011, pasarán a la historia española, durante mucho tiempo, como un capítulo lamentablemente considerado, que es apenas decir nada, por no decir nada de nada. Porque lo que queda de todo esto es que el señor Zapatero fue un “desastre político” ciertamente en algunas o muchas cosas lo fue, y consecuentemente la izquierda no es válida para gestionar crisis, y que la derecha enarbola bandera de eficacia redentora, como si un dos de mayo se tratase. Esto es lo que parece que votamos en las urnas, ese 20 de noviembre de 2011, aniversarios de la muerte de José Antonio Primo de Rivera y de Francisco Franco, canonizados por el papa Clemente del Palmar de Troya.  

Pero aunque esto sea lo que digan algunos o muchos, lo cierto es que se va democráticamente a las urnas con una gran parte de la información, necesaria para conformar nuestra decisión, secuestrada. Ya desde hace algún tiempo las empresas multimedia alinearon la transcendente función periodística, el criterio de autocensura en beneficio de las “ideologías”, y no del bien social, fue apoderándose del quehacer informativo, no es que fuese nuevo, es algo que se consiguió y se perdió en el siglo XX: la libertad informativa. 

Lo que ha sucedido en Grecia e Italia, es un golpe de Estado en todo regla dado por los poderes financieros, a regímenes democráticos. Evidentemente los golpes de estado en una democracia, hasta ahora conocidos, eran los de unos señores con nombres y apellidos que se atrevían a tomar el poder de forma repentina y generalmente violenta, vulnerando así, una legalidad institucional o constitucional, con el fin de sustituir o derrocar el gobierno existente y colocar otro en su lugar, propicio y configurado por quienes reciben el nombre de golpistas. Los poderes neoliberales, sin enseñar una sola arma, sin lanza un solo grito, han cambiado dos gobiernos haciendo dimitir a sus gobernantes, legítimamente elegidos en las urnas, y sustituidos por un gobierno afín a los poderes neoliberales, ha hecho que otro, el español, deba convocar elecciones anticipadas porque si no lo llevaban a un situación similar a los anteriores, ha intervenido económicamente a otros dos países, Portugal e Irlanda, y siguen más sumas. 

Recordar cuando menos a Napoleón secuestrando o quitando gobernantes para poner a sus familiares o generales, en su lugar, o a otros dirigentes invadiendo país tras país, sabemos que no es algo similar, pero no lo es porque aquí no vemos al enemigo, está en las cajas fuertes de los bancos y el ir y venir del juego de las bolsas. Los llamados mercados financieros, aparecen como algo etéreo y lo único que conocemos de ellos, son números, unos números que obligan al paro de millones de personas y a una presión que, en no pocas ocasiones, rompe las barreras de la moral y la ética. 

Nuestras elecciones del día 20 de noviembre, son para millones de ciudadanos limpios de corazón, una esperanza porque solo se les hablan de un color del mar, no importa cual, de un agua serena y no de vientos huracanados de olas gigantescas ni de cielos grises que no dejan pasar la luz del sol con su resplandor, tan solo nos hablan de pescar, pero no sabemos en qué caladeros ni en que barcos ni con que aparejos, en definitiva no sabemos qué es lo que se va a pescar. Lo único que si se sabe, y a medias, es que hay que embarcarse, el rumbo nos lo dirán en alta mar. 

Hay dos esperanzas que pueden alterar ciertos planes, siempre y cuando sean capaces de mantenerse en su estado primigenio, las redes sociales y el movimiento del 15M. La dificultad que supone el control de los mensajes e informaciones digitales hace de las redes sociales un “arma” de suma utilidad social. El movimiento del 15 M, fue la luz que deja entrever el rescate de la democracia. 

Sabemos que de las urnas saldrá un gobierno que no le va aponer demasiados inconvenientes a las voluntades que marquen los “mercados financieros”, que suena como aquello de “señores de la guerra”, un plural que vale para enmascarar el poder neoliberal, más cercano a una dictadura paternalista que a un criterio democrático. También sabemos de antemano que el cumplimiento de los mandatos exigidos e impuestos por los “mercados financieros” tendrán un coste y sacrificio social que será diluido en el planteamiento de “el gobierno anterior tuvo la culpa”, sin que sepamos a ciencia cierta que es lo que realmente está pasando ni a donde nos dirigimos. Aquella frase de los años 50, en plena caza de brujas en EE.UU., pronunciada en televisión por el periodista Edward R. Murrow, demócrata convencido y además liberal, de “Buenas noches y buena suerte”, nos viene como anillo al dedo, no por la frase, sino por lo que defendió Murrow con ella. 19 noviembre 2011  

 


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