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ANDRÉS GARRIDO


Ian Anderson y Florian Opahle interpretando a duo (foto: Goio Villanueva)
Ian Anderson y Florian Opahle interpretando a duo (foto: Goio Villanueva)
 

XV FESTIVAL DE JAZZ DE SAN JAVIER

San Javier acoge el primer concierto en España de Jethro Tull, que celebra los 44 años como músico de Ian Anderson

El público llenó el auditorio para ver a Anderson y su grupo (foto: Goio Villanueva)
El público llenó el auditorio para ver a Anderson y su grupo (foto: Goio Villanueva)

El músico escocés Ian Anderson lleva a cabo una gira mundial para celebrar sus 44 años en la brecha. Para ello ha elegido uno de los míticos y más populares discos que su grupo, Jethro Tull, editó por 1972: “Thick As A Brick”. Junto al legendario álbum, también incorporan algunos de los éxitos de tan larga trayectoria en una gira que, en lo que a España se refiere, se ha iniciado en el XV Jazz San Javier, con un éxito incontestable de público que llenó las dos mil butacas de su auditorio. 

Ian Anderson –que el próximo 10 de agosto cumplirá 65 años– sigue manteniendo sus clásicas poses escénicas, que le valieron para caracterizar su personalidad singular en el mundo del denominado rock progresivo: una mezcla de rock, folclore escocés y blues. Con estos ingredientes, no es de extrañar que una legión de sus seguidores, tanto españoles como británicos o alemanes, que también los hay por estas fronteras, se dieran cita para comprobar si Anderson y los suyos seguían manteniendo aquellos parámetros de hace casi 40 años.  

Si hay que ser justos en relación a lo que se vio en el escenario del Parque Almansa estaremos de acuerdo en que, como músicos, los actuales Jethro Tull son de primera. Pero otra cuestión es el comportamiento de mitos como Ian Anderson, donde fallan inexplicablemente (como en otros pocos procedentes de Gran Bretaña o Irlanda, que no todos) sus modales. Les cuento. La espontaneidad de un espectador que se puso a bailar delante de su esposa molestó a Anderson, quien en un perfecto inglés pidió que lo echaran de la sala, con una frase barriobajera que mejor no reproduzco. La reacción de los de seguridad fue un tanto desproporcionada en relación al hecho, según mi opinión, aunque finalmente –y a petición de la Policía Local– el espectador y su esposa accedieron a salir del auditorio para aclarar lo sucedido. He de indicarles que estuve presente en ese episodio y el señor Ian Anderson no tiene razón, desde el momento en el que un espectador paga su entrada. Lo que ese espectador tiene que hacer es observar una conducta que no moleste al resto de espectadores, pero nunca un músico le puede mandar a la calle porque “le moleste que baile”. Bueno, ahí quedó el asunto y espero que ningún otro músico, de la nacionalidad que sea, se vuelva a comportar de esa manera con un aficionado que ha pagado religiosamente sus 35 euros para acceder al concierto. Y mucho menos en un festival tan exquisito como Jazz San Javier, del que puedo atestiguar su magnífico comportamiento y trato con todos y cada uno de los músicos que visitan el mismo. 

Anécdotas aparte, el concierto tuvo dos partes bien diferenciadas. La primera estuvo dedicada a todo ese mítico álbum de Jethro Tull, en una puesta en escena que ha echado mano de las nuevas tecnologías para desarrollar toda la trama de aquellas dos fabulosas caras de los recordados vinilos long play, que se interpretaban como un solo tema dividido en diversos movimientos. Es un poema escrito por un ficticio niño precoz llamado Gerald Bostock, alias Little Milton. Los músicos que conforman los actuales Jethro Tull tienen un punto en común: su paso, de una manera u otra, por el teatro o las artes escénicas. Y con esa experiencia añadida los conciertos del grupo son, exactamente, una puesta en escena musicalizada. 

La verdad es que la primera parte de su concierto en San Javier fue todo un derroche de vitalidad por parte del grupo que lidera Ian Anderson. Casi una hora de tocar sin hacer ninguna pausa es cansado para cualquiera, menos para ellos. O esa sensación quedó en el público. Pero regreso a lo anterior: la puesta en escena es absoluta y muy cuidada. Incluso antes de que el propio espectáculo se inicie los músicos, ataviados con guardapolvos y gorras, se desplazan por el escenario limpiando todo lo que sobre él hay, incluido el suelo. Es una especie de preámbulo teatral, al que le sigue una grabación en video que nos relata, brevemente, la visita del joven al psiquiatra para confirmarle que sus problemas son el choque irremediable con su padre; algo muy común en esas edades.  

Es en ese mismo instante cuando Ian Anderson aparece en el escenario con su guitarra y comienza a cantar, mientras el resto del grupo se ubica en su posición aún con los guardapolvos que más tarde se quitarán. Todo, como les indico, muy escénico; que más que un concierto parece una obra teatral musical. No en vano, el único tema de este disco está concebido como una obra sinfónica, aunque el propio Anderson contestó a las críticas del primer álbum, titulado “Aqualong” (los críticos lo denominaron como conceptual), que si eso es lo que deseaban lo tendrían. Y de ahí nació “Thick As A Brick”. Todos los músicos son excelentes, pero en este concierto destacaré a dos de los tres más jóvenes: el baterista Scott Hammond, que transpira escuela de jazz en su manera de tocar, y el guitarrista alemán Florian Ophale, con un dominio total del instrumento y sus aditivos tecnológicos. Precisamente él y Anderson protagonizan varios dúos a lo largo del espectáculo. 

Ian Anderson y Jethro Tull en escena (foto: Goio Villanueva)
Ian Anderson y Jethro Tull en escena (foto: Goio Villanueva)

Tras un descanso de 15 minutos, el grupo regresó al escenario del Parque Almansa para continuar ya en una segunda parte más normal para un concierto. Temas entrelazados de su más reciente creación fueron conformando nuevos delirios de sus fieles seguidores, que en su mayoría permanecían quietos y muy atentos a las evoluciones de Anderson y Jethro Tull. Algunas piezas de antaño, como aquellas del no menos mítico “Aqualong”, de comentario religioso-espiritual, que el propio Ryan O’Donnell (voz y coros) representaba a la perfección ataviado con una sotana y un misal. 

Una segunda parte que se inició con una visita guiada por las diferentes estancias y zonas verdes de una residencia, en la que se podían apreciar perros, gatos, gansos, gallinas y, en suma, una fauna diversa que iba presentando el anfitrión. Los actuales Jhetro Tull se conforman, además de por los ya citados, con David Goudier, bajo eléctrico, y el pianista y director musical John O’Hara, aunque es Ian Anderson el que corta el bacalao en cada momento. Tras unos 50 minutos, aproximadamente, de esta nueva muestra musical muy a lo Anderson, el concierto llegaba a su fin. El auditorio, puesto en pié, gritaba y silbaba para que estos músicos regresaran con algún bis. Ian Anderson y Jethro Tull accedieron a ello poniendo, de esa manera, un broche musical de alta calidad a una noche que tan sólo estuvo empañada por esa anécdota que les hemos relatado, casi al principio, con un espectador. Son los “caprichos” de estos mitos británicos, que muy poco tienen que ver con la música (¿o ellos piensan que sí?) y a los que no encontramos cabida alguna; mucho menos, cuando el señor Anderson sigue en la brecha porque así lo desea y no por obligación. Su empresa de abastecimiento de salmón ahumado a toda Gran Bretaña le proporciona unos dividendos más que suficientes para no tener que depender de los cien conciertos que ofrece cada año como modo de vida, aunque es conocido que continúa en la música porque es su pasión. No se entiende ese halo de “divinidad” con el que se adorna, como tampoco sus “caprichos”, más propios de niños que de adultos como él. Una triste realidad que el espectador más dicharachero tiene que soportar, como ha sido el caso, a pesar de que pague para que el músico ofrezca su arte y no su incapacidad para tratar a sus fieles seguidores. 

En fin, que pasamos página y esperamos ya la visita de Frank Harrison Trio, al que acompaña como invitada la cantante y actriz Alyth McCormack, con un concierto que se presume muy interesante y, sobre todo, para los muy adictos a la música celta, ya que fusionan el jazz con ese estilo y el folclore escocés. La segunda parte tendrá otros tintes, en la línea contrastada de Jazz San Javier, con otro personaje del rock norteamericano: John Hiatt. 11 julio 2012

Una pose clásica de Anderson (foto: Goio Villanueva)
Una pose clásica de Anderson (foto: Goio Villanueva)

 


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