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ÀLEX SÁEZ, DIPUTADO SOCIALISTA Y CABEZA DE LISTA DEL PSC POR GIRONA “CiU y
PP recortan en la médula ósea del Estado del bienestar: sanidad y
educación”
“Las decisiones dolorosas que se han tomado han permitido asegurar el futuro de las generaciones que van detrás de la nuestra” “Queremos una España más moderna, más federal. En realidad, somos imperfectamente un Estado federal” “En esta próxima legislatura, los dos temas que hay que abordar en el ámbito de la creación cultural son propiedad intelectual y mecenazgo” Por LARA GALLEGOS Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona, tras ejercer como abogado especialista en Responsabilidad Civil y Derecho del Seguro, además de ser presidente de Jóvenes Abogados de Girona y miembro fundador de Jóvenes Abogados de Cataluña, Àlex Sáez se lanzó a la política en las filas del PSC, el partido socialista hermano del PSOE. Es un diputado constante y minucioso, trabajador sin aspavientos. Número uno de la candidatura al Congreso de los Diputados por Girona, se ha ganado el puesto a base de seriedad, política y personal, y rigor en sus planteamientos. PREGUNTA.– ¿Cómo se gestó su interés por la política? RESPUESTA.– Siempre hay duda de si uno nace con una cierta vocación pública, pero creo que la política me interesó desde mi etapa en la Universidad. Después estuve en la junta de abogados de Girona, un servicio público al servicio del profesional. Paralelamente, cuando Felipe González perdió las elecciones generales, decidí que era el momento de hacer una adhesión y al día siguiente ya milité en el PSC. En 1999, Joaquim Nadal, el entonces alcalde de Girona, me propuso formar parte de su lista. Desde entonces: política local y luego diputado en el Congreso desde 2004. Yo creo que en momentos en los que se pierde también hay un punto de inflexión. Espero que tardemos tiempo en comprobar si después de una derrota hay nuevas altas de militancia. P.– ¿Qué expectativas reales manejan en el PSC respecto de estas elecciones? R.– Yo no tengo acceso a encuestas, leo las que hay en prensa y mi obligación como candidato es creérmelas poco, porque si tuviéramos que creérnoslas todas, igual nos quedábamos todos en casa. Yo creo que la fuerza de un proceso electoral es impresionante, no valen encuestas, el 20 de noviembre hay muchas cosas en juego. En mi campaña, como creo que en la de todo el mundo, nuestro principal enemigo es la abstención. Y yo creo que con la movilización las encuestas pueden fallar. P.– ¿Moviliza Alfredo Pérez Rubalcaba? R.– Yo creo que sí, que es un candidato que moviliza. No hay nadie que dude de que es notablemente superior a su adversario en todos los aspectos, y nosotros confiamos mucho en él. Es verdad que son las elecciones parlamentarias, y que luego el Congreso de los Diputados elegirá al presidente del Gobierno, pero creo que cada vez más son una connotación o ejemplo de presidenciales. No hay duda de que en momentos tan difíciles la capacidad y fiabilidad de Alfredo Pérez Rubalcaba deberían hacer pensar al electorado qué es lo mejor que le puede pasar a este país para afrontarlos. P.– Me gustaría que pudiera hacer una pequeña aclaración sobre la relación y los nexos existentes entre el PSC y el PSOE, explicar esa independencia e interrelación simultáneas... R.– El PSC nace en un congreso de unidad de la suma de tres partidos políticos: la Federación Catalana del PSOE, el Partido Socialista de Catalunya-Reagrupament, y el Partido Socialista del Congrés, que era un partido de unidad. Estos tres formaron el PSC, un partido autónomo que luego tuvo acuerdos federales con el PSOE, por los que nos presentamos a las elecciones en coalición, bajo las mismas listas. Hay unos acuerdos federales y una unidad sobre todo ideológica, que hace que nuestra relación con el PSOE obtenga frutos de esos acuerdos que se firmaron en su día, pero tiene también una dinámica propia, una ejecutiva propia, un partido propio, a diferencia de lo que sucede con las otras federaciones del PSOE en las diferentes comunidades autónomas. La diferencia es que el PSC es un partido autónomo, con acuerdos federales, y no una federación más del PSOE. Dicho esto, nuestra implicación y nuestras particularidades con la familia del socialismo español son máximas, porque nuestro ideario es el socialdemócrata y en eso convergemos, aunque es verdad que para el PSC –y esto ha provocado tensiones a veces– uno de sus objetivos principales es gobernar Cataluña, como tuvimos ocasión de hacer en los gobiernos de Maragall y Montilla. P.– ¿Han perjudicado los gobiernos de Maragall y Montilla para este momento? R.– Creo que cada proceso electoral es cada proceso electoral. Si tenemos que juzgar los resultados electorales de las últimas autonómicas, yo creo que sufrimos un castigo excesivo por los gobiernos de progreso de Maragall y Montilla, pero los resultados fueron los que fueron. Otra nueva fuerza conservadora, como es CiU, ha vuelto al gobierno de la Generalitat. Pero yo creo que visto este nuevo gobierno de CiU, que se nos dijo que sería el de “los mejores”, un gobierno que sería capaz de resolver a los ciudadanos alguno de sus problemas, queda claro que es al contrario. Estamos viviendo en Cataluña una situación muy difícil; sí, es un momento de recortes, de cumplir el objetivo de reducir el déficit, pero lo que ha hecho este gobierno de CiU es muy preocupante, es precisamente recortar la médula ósea del Estado del bienestar. Así como en Madrid ahora con el PP hay un conflicto con la educación, en Cataluña el conflicto está en la sanidad, que es lo más sagrado. Ya hay unidades oncológicas y coronarias con dificultades, y estamos preocupados con ello. Estamos en momentos de contención del déficit público, pero para nosotros lo último que cabría recortar sería precisamente eso, la médula ósea del Estado del bienestar, que con CiU y PP ya está en peligro. P.– ¿Puede volver a darse la circunstancia, históricamente repetida, de que el votante catalán vote nacionalista para Cataluña y socialista para el Parlamento español? R.– Soy perfectamente consciente de que, por primera vez, en Cataluña esto está más abierto que en otras ocasiones. Sí que es verdad que nosotros siempre hemos ganado las elecciones generales incluso en las máximas dificultades, como en 1996, pero somos perfectamente conscientes de que hay una corriente de fondo complicada, una corriente conservadora que no sólo está en España, también en Europa, y que nos preocupa. Pero confiamos mucho en el electorado. La gente en Cataluña creo que es consciente de lo que hay en juego. Hay un factor que tiene que ver más con el sentimiento del pueblo de Cataluña, y creo que la gente tampoco olvida cuál ha sido la actitud del PP los últimos años en relación al autogobierno de Cataluña, en relación a nuestras instituciones y en relación especialmente a minar la concordia entre los diferentes pueblos de España. Yo creo que con el voto se ejercen muchas cuestiones: una más pragmática, que es quién quieres que gobierne, pero también hay una cuestión sentimental y espero que la gente no olvide la actitud del PP en los últimos años en relación a Cataluña. P.– ¿Cree que los electores diferencian bien ahora el nacionalismo del PSC del de CiU? R.– Yo creo que el PSC se ha mantenido en el catalanismo histórico. Creo que Cataluña ha sido muy fuerte y ha avanzado, incluso en nuestro proceso de reforma estatutaria. Lo que ha sucedido es que en el mapa identitario de Cataluña hay formaciones políticas que han avanzado, desde el catalanismo histórico que representa el PSC, como representaba CiU, como representaban los dos partidos, hacia lo que en CiU llaman soberanismo, un nacionalismo más independentista. Las opciones más próximas al independentismo crecen en Cataluña. Esto es una realidad y nuestra posición será defender una identidad clarísima en Cataluña, un partido netamente catalán y defender que nuestra apuesta es federal. A nosotros nos gustaría profundizar en lo que ya existe, porque el Estado autonomista es verdad que tiene una singularidad en la España constitucional, pero en realidad somos imperfectamente un Estado federal. No es el momento, pero nos gustaría, y lo digo también a nivel personal, que nuestra Constitución profundizara en ese esquema federal. Esa es nuestra apuesta y creo que debemos ser capaces de mantener fija nuestra posición, explicarla, y no va a cambiar por los vientos que coyunturalmente pueden hacer parecer que favorecen las posiciones más soberanistas. Nuestra defensa es la de una España más moderna, más federal, y así va a continuar. P.– ¿El problema es el crecimiento del PP en Cataluña? R.– Por supuesto. Claro que CiU y PP son partidos distintos. Y también lo son el crecimiento del PP y el de CiU. Nosotros tenemos que recordarles que la campaña catalana no es exactamente igual que la española, donde hay dos partidos políticos en confrontación. Nosotros tenemos una tercera fuerza, que es CiU, y hay que recordarle a CiU la historia. Y la historia dice que a diferencia de cuando ha habido gobiernos socialistas, con los gobiernos de José María Aznar votaron su investidura, alcanzaron acuerdos con el PP en el Parlamento de Cataluña y en el Congreso de los Diputados. Las fuerzas conservadoras se asemejan mucho más en su ideario de lo que puede parecer, y lo único que distingue a PP y CiU en su sensibilidad social es que unos son nacionalistas españoles y otros son nacionalistas catalanes. P.– ¿Piensa que puede estar coordinado el hecho de que en Madrid se esté recortando en la educación y en Cataluña en la sanidad? R.– No. Yo creo que tiene que ver con la gestión de los problemas. Es verdad que en Cataluña ha habido una gestión nefasta del consejero de Sanidad. Desde el primer día sabíamos que, particularmente él, quiere favorecer a las mutuas privadas. Es médico , viene de las mutuas y yo creo que busca favorecer la medicina privada. Por el contrario, la consejera catalana de Educación tiene un concepto mucho más social de la educación pública. En Madrid no conozco tan en particular la gestión de la consejera de Educación. Lo que es verdad es que nosotros nunca llegaríamos a tocar la médula ósea del Estado del bienestar, mientras CiU y PP no tienen pudor en hacerlo desde el minuto uno. P.– Me gustaría saber cómo piensan arreglar que la Justicia funcione tan mal… R.– Bueno, en un momento de crisis, la conflictividad judicial aumenta. Y aparte de eso hay una cuestión que yo he vivido como legislador y con la que no me siento muy conforme: todos tendemos a judicializarlo todo, incluso legislativamente.
El camino está en la mediación y el arbitraje, en sacar conflictos de lo
jurisdiccional, desde los hipotecarios a los de faltas entre vecinos. Para
mí el camino es la mediación civil, la penal, la mercantil..., porque hemos
llevado al extremo muchísimos conflictos que serían solucionables fuera de
los juzgados. Hemos dado pasos muy importantes en la modernización, en que la Justicia tenga recursos y buenos profesionales, pero a mí me parece que el reto está en ese cambio de mentalidad, que pasa por no judicializarlo todo y optar por soluciones extrajudiciales, para evitar tener así una Justicia lenta, pues ya se sabe que la Justicia lenta no es justicia. P.– Usted era también un peso pesado en la subcomisión parlamentaria de propiedad intelectual en la legislatura recién concluida. En una de las enmiendas de la conferencia política del PSOE se proponía que se incluyera en el programa la creación de una sociedad estatal para gestionar los derechos de autor... R.– Creo que ha faltado valentía en el tema de la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual. En esta legislatura hemos tenido una subcomisión de propiedad intelectual en la cual llegamos al mínimo común denominador las fuerzas políticas. Entre otras cuestiones, que había que hacer una reflexión serena sobre los derechos de autor, incluso antes de explotar públicamente todo el conflicto de la SGAE. Creo que hay que avanzar hacia un nuevo modelo, y esa es una de las posibilidades que estamos barajando. El tiempo no espera para los derechos de autor, ha faltado valentía y estoy convencido de ello. En esta próxima legislatura, en el ámbito de la creación cultural, los dos temas que hay que abordar son propiedad intelectual y mecenazgo. P.– ¿Prevé un encontronazo con las sociedades de gestión de derechos de autor? R.– Bueno, la política no está para ejercerla con excesivas comodidades. El ejemplo lo tenemos con esta legislatura que ha terminado: el presidente Zapatero ha tomado decisiones duras y difíciles, pero responsables. Esto vale para la economía, que es lo que ahora nos preocupa más, por el mantenimiento del Estado del bienestar, pero vale para todos los ámbitos de la vida política también. En cultura no es fácil tomar decisiones que afecten al ámbito de la propiedad intelectual, porque cuando mueves una pieza se desmonta la arquitectura de todo el sistema, pero habrá que hacerlo. Mover piezas. Ha habido oportunidades, han pasado y al final si no tomas decisiones los conflictos acaban apareciendo, como ha sucedido en este ámbito clarísimamente con la crisis de la SGAE. P.– “Caso” Zapatero. ¿Afectan al PSOE muy negativamente, en el ámbito electoral, sus decisiones recientes? R.– Sin duda, para una opción de izquierdas como la nuestra, las decisiones que se han tomado en bien del interés general no favorecen excesivamente la movilización y que la gente que está sufriendo esté especialmente motivada. Pero nosotros tenemos que ser capaces, como dice nuestro candidato, de explicar las cosas, hacer referencia a la dificultad histórica que estamos viviendo y hacer comprender a la gente que eran decisiones inevitables, que tenían que tomarse. Eso requiere un tiempo y cada uno en su circunscripción, yo en Girona, lo tenemos que hacer. Hacer una campaña de confrontación de ideas, dura en los argumentos, pero que tenga mucho de pedagógica. Es una oportunidad de explicar a la gente por qué se han hecho las cosas y que tengan esperanza, porque ilusión es muy difícil, para pensar que todo esto va a revertir y que muchas de las medidas dolorosas que hemos tomado ahora eran necesarias para la reactivación y el futuro de la economía y del empleo. P.– ¿Entonces, van a decir a las víctimas de las decisiones dolorosas que eso lo cambiarán en cuanto tengan la posibilidad, o se va a quedar todo lo hecho ahí para prevenir que no vuelvan a pasar estas cosas? R.– Creo que cuando pase el tiempo veremos con más claridad lo que ha sucedido en una crisis brutal a nivel mundial, en la cual hemos estado pendientes de si el presidente Obama podía aprobar el techo del gasto, porque si no Europa caía al día siguiente, Estados Unidos pendiente de lo que sucedía en las bolsas europeas y en la crisis de la deuda soberana. La magnitud de la crisis hace que mucho de lo que hemos vivido en estos tiempos fuera impensable. Debe hacernos reflexionar sobre la gobernanza global, la gobernanza económica, la gobernanza europea, la cesión de soberanía a las instituciones europeas y me parece que es tan excepcional lo que estamos viviendo que el tiempo nos ayudará a entenderlo. Como he dicho ya varias veces en esta entrevista, el tiempo no espera. Se han tomado decisiones, algunas de manera acertada. Hay economías en el ámbito europeo que están intervenidas, como la griega, la portuguesa o la irlandesa, que durante un tiempo fue puesta como ejemplo de crecimiento económico con aquel “tigre irlandés”. En cambio España, con dificultades, cómo no, pero ha tomado las decisiones antes incluso que economías potentes como Francia o Italia, mire en qué situación está ahora. Creo que habrá que poner en valor que las decisiones dolorosas que se han tomado han permitido también asegurar el futuro de las generaciones que van detrás de la nuestra. P.– ¿Es tan difícil para un político rectificar y pedir disculpas? R.– No. Se tiende a no admitir errores. Es cierto que hemos cometido errores a lo largo de estos años. Yo creo que a estas alturas nadie duda que debería haberse anticipado el reconocimiento de la crisis económica. Jamás nadie pensó que fuera de estas dimensiones. Después de la caída de Lehman Brothers en 2007, no creo que ni el presidente Zapatero ni nadie de su entorno supiera de la intensidad que esto ha acabado teniendo. Pero sí, es cierto que es más fácil pensar ahora en 2011 qué medidas podían haber sido distintas, pero en su momento creo que nadie duda de que la política de déficit, más con el superávit de las cuentas públicas, era lo que había que hacer para estimular la economía. También es verdad que el cambio ha sido muy brusco. Todos creíamos que la recuperación seria lenta pero periódica, y en cambio nos hemos encontrado una crisis de unas dimensiones salvajes. P.– ¿Cree que el pueblo llano va a dejar que expliquen tranquilamente las decisiones tomadas? R.– Una campaña electoral es una grandísima oportunidad, porque es verdad que aunque la gente está enfadada, disgustada, la política está muy poco valorada, los políticos menos, yo quiero seguir pensando que la gente sabe que en las elecciones generales se juegan cosas, mucho más incluso que en las locales. Y es una oportunidad magnífica para que la gente escuche argumentos, para que la gente escuche debates. La televisión tiene un papel fundamental, lo tienen las redes sociales y lo tienen también las oportunidades con que contamos los candidatos, que cada uno en su municipio y provincia podemos llegar de manera más directa a la gente de lo que se puede llegar en el transcurso de una legislatura. No se puede llegar a todo el mundo. Ojalá pudiera mantener una conversación como ésta con cada uno de los habitantes de mi provincia. Pero como la política es proximidad, la campaña da unas oportunidades que no da el trabajo parlamentario y las vamos a aprovechar. No veo el pueblo llano como una definición. Quiero aprovechar para combatir esa idea, quiero sentirme también pueblo llano. Cada uno tiene un origen y la responsabilidad ha querido que tenga el honor de estar presente entre los 350 legisladores, pero es una circunstancia sumamente excepcional y quiero pensar que es el pueblo llano el que está representado en el Congreso de los Diputados y en las instituciones. P.– ¿Qué renuncias ha hecho usted para permanecer en política? R.– Pienso que soy un auténtico afortunado. Tengo un trabajo que me ilusiona mucho y estoy donde quiero estar, nadie me ha forzado. Pero reconocer que la vida política es una renuncia absoluta o casi absoluta a la vida personal, es decir la pura verdad. Si no me hubiera dedicado a la política, mi estructura personal sería distinta. Tengo muchas cosas pendientes en mi vida, entre otras mi vida privada, que creo que no la he tenido.
Pero sí, creo que la renuncia principal es dejar de tener más vida propia.
Algo que he hecho con gusto, nadie me obliga a ello. Porque si no, me iría a
casa, y de hecho a casa me iré algún día, ya que tengo muchas cuentas
pendientes con mi vida.
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